Los fitoestrógenos son compuestos de origen vegetal que se unen a los receptores de estrógeno del cuerpo, aunque con una afinidad entre 100 y 1.000 veces menor que el estrógeno endógeno. No son hormonas, pero pueden tener efectos estrogénicos suaves que en determinadas condiciones son beneficiosos.
Los tres grupos principales
Isoflavonas: principalmente de la soja (genisteína, daidzeína, gliciteína). Son los fitoestrógenos más estudiados y los que tienen mayor evidencia de efecto clínico.
Lignanos: abundantes en la linaza (lino). La microbiota intestinal los convierte en enterodiol y enterolactona, con actividad estrogénica débil.
Coumestanos: en trébol rojo y alfalfa. Menos estudiados.
Evidencia en menopausia
Los estudios más robustos muestran que las isoflavonas pueden reducir la frecuencia e intensidad de los sofocos en mujeres perimenopáusicas y posmenopáusicas, aunque la magnitud del efecto es menor que la de la TRH. La variabilidad individual es alta: el efecto depende en parte de si la persona tiene la microbiota capaz de convertir la daidzeína en equol (un metabolito más activo).
Seguridad
La evidencia actual no apoya los temores sobre la soja y el cáncer de mama hormono-dependiente. Estudios epidemiológicos de países con alto consumo de soja (Japón, China) no muestran mayor incidencia. Para mujeres con historial de cáncer de mama, la consulta con su oncólogo es recomendable antes de aumentar significativamente el consumo.