El acné en adultas (mayores de 25 años) ha aumentado significativamente en las últimas décadas. Hasta el 50% de las mujeres en sus 20s, 25% en sus 30s y 12% en sus 40s lo reportan. A diferencia del acné adolescente, el acné adulto femenino suele tener un fuerte componente hormonal.
Cómo reconocer el acné hormonal
Localización: predomina en el tercio inferior del rostro —mentón, mandíbula, cuello y en ocasiones la espalda alta. Esta distribución refleja la sensibilidad de las glándulas sebáceas de esas zonas a los andrógenos.
Ciclo: empeora predeciblemente en la segunda mitad del ciclo menstrual (fase lútea) cuando la progesterona es dominante y la testosterona puede estar relativamente elevada.
Morfología: predominan los nódulos y quistes profundos, dolorosos, que no tienen punta (a diferencia del acné superficial con comedones y pústulas pequeñas).
Causas hormonales
SOP (aumenta andrógenos), resistencia a la insulina (que aumenta la producción ovárica de andrógenos), deficiencia de progesterona relativa en la fase lútea, y el exceso de DHT (dihidrotestosterona) en la piel de personas con mayor sensibilidad androgénica.
Enfoques de tratamiento
La espironolactona (antiandrogénico) es uno de los tratamientos más efectivos para el acné hormonal en mujeres: reduce la producción de sebo al bloquear los receptores de andrógenos en la piel. Los anticonceptivos con cierto perfil antiandrogénico también son efectivos. Retinoides tópicos y el ácido salicílico complementan el tratamiento.