La dermatología tradicional ha sostenido durante décadas que la dieta no afecta el acné. La evidencia acumulada en los últimos 15 años sugiere lo contrario —al menos para el acné hormonal inflamatorio. El mecanismo central es la insulina.
La cascada insulina-andrógenos-sebo
Los picos de insulina producidos por alimentos de alto índice glucémico (azúcar, harinas refinadas, bebidas azucaradas) tienen varios efectos sobre el acné:
- Estimulan la producción de IGF-1 (factor de crecimiento similar a la insulina), que aumenta la producción sebácea
- Reducen la SHBG (globulina fijadora de hormonas sexuales), aumentando la testosterona libre disponible
- En mujeres con SOP, estimulan la producción ovárica de andrógenos
El resultado: más sebo, más andrógenos, más acné.
La evidencia dietética
Estudios aleatorizados en hombres australianos jóvenes (Faris et al., Smith et al.) mostraron reducciones significativas del acné con dietas de bajo índice glucémico comparadas con dieta habitual. Estudios observacionales muestran correlación entre consumo de leche (especialmente desnatada, por su perfil hormonal) y acné, aunque la relación es más compleja.
Cambios alimentarios con evidencia
Reducir azúcar y harinas refinadas, aumentar fibra y proteínas de calidad (que reducen el pico glucémico de las comidas), considerar la reducción de lácteos si el acné empeora con su consumo, y mantener el omega-3 alto (efecto antiinflamatorio). No es una cura, pero puede ser un complemento significativo al tratamiento tópico y farmacológico.