El estrógeno y la progesterona son las dos hormonas esteroideas más características del sistema hormonal femenino. Su interacción —y el equilibrio entre ellas— determina el ciclo menstrual, el estado de ánimo, la salud ósea, la función reproductiva y mucho más. Entender cómo trabajan es la base de cualquier conversación sobre salud hormonal femenina.
El estrógeno: la hormona de la proliferación
El estrógeno (principalmente estradiol en mujeres en edad reproductiva) es predominante en la primera mitad del ciclo. Sus efectos son "proliferativos": aumenta el grosor del endometrio, estimula el crecimiento folicular, promueve la lubricación vaginal y el mantenimiento del tejido mucoso, favorece el estado de ánimo positivo y la energía, y protege la masa ósea.
La progesterona: la hormona del mantenimiento
Producida por el cuerpo lúteo después de la ovulación, domina la segunda mitad del ciclo. Sus efectos son "secretores y de mantenimiento": prepara el endometrio para la implantación, reduce el efecto proliferativo del estrógeno, aumenta la temperatura corporal basal, y tiene propiedades sedantes (algunos metabolitos actúan sobre los receptores GABA).
La dominancia estrogénica
Se habla de dominancia estrogénica cuando el estrógeno está elevado en relación a la progesterona —no necesariamente porque el estrógeno sea muy alto, sino porque la progesterona es insuficiente para equilibrarlo. Los síntomas incluyen: reglas abundantes, síndrome premenstrual intenso, sensibilidad mamaria, retención de líquidos, irritabilidad y dificultad para perder peso.
Cómo evaluarlo
Análisis de estradiol y progesterona en el día 21 del ciclo (fase lútea media) da la imagen más representativa del equilibrio entre ambas hormonas en ese ciclo.