El día que dejé de sentir culpa por disfrutar
Crecí en un ambiente donde la sexualidad era un tema prohibido. No había conversaciones, no había educación, solo silencios y miradas incómodas.
Así que cargué con la culpa por años. Culpa de desear, culpa de fantasear, culpa de explorarme. Una culpa que no tenía ninguna razón de existir pero que se sentía muy real.
El punto de quiebre fue una consulta con una asesora especializada en bienestar sexual. Por primera vez alguien me habló del placer como algo natural, necesario, incluso saludable.
Desaprender la culpa fue un proceso. Aún lo es. Pero hoy puedo decir que disfruto sin disculparme. Y eso vale todo.