La síndrome genitourinaria de la menopausia (GSM) —antes llamada atrofia vaginal— es una realidad biológica que afecta a aproximadamente el 50% de las mujeres posmenopáusicas: sequedad vaginal, adelgazamiento de las paredes vaginales, reducción de la elasticidad y, con frecuencia, dolor durante las relaciones sexuales. A diferencia de los sofocos, que suelen mejorar solos con el tiempo, la GSM tiende a empeorar si no se trata.
Por qué ocurre
El estrógeno es el principal responsable del mantenimiento del tejido vaginal: promueve la lubricación, mantiene el grosor y la elasticidad de las paredes vaginales y sostiene el microbioma vaginal. Cuando los niveles de estrógeno caen en la menopausia, todos estos sistemas se ven afectados.
Opciones no hormonales
Hidratantes vaginales: productos (distintos a los lubricantes) diseñados para uso regular (2-3 veces por semana) que restauran la hidratación del tejido vaginal. Contienen hialuronato de sodio, vitamina E y otros ingredientes hidratantes de acción local.
Lubricantes de uso en el acto: esenciales durante el sexo cuando la lubricación natural es insuficiente. El lubricante de silicona tiene mayor duración que el de agua, lo que lo hace preferible para muchas mujeres postmenopáusicas.
Actividad sexual regular: el uso mantiene el tejido vaginal más sano. Las contracciones musculares, el aumento del flujo sanguíneo y la producción de lubricación durante la excitación tienen un efecto trófico (de mantenimiento) sobre el tejido. "Use it or lose it" tiene base científica real en este contexto.
Opciones hormonales locales
La terapia hormonal local (cremas, óvulos o anillos con estriol o estradiol) aplica estrógeno directamente sobre el tejido vaginal con absorción sistémica mínima. Es considerada segura incluso para mujeres con contraindicaciones a la TRH sistémica, y es altamente efectiva para la GSM. Requiere prescripción médica y evaluación individual.
La menopausia cambia la sexualidad. Con las herramientas correctas, no la termina.