Pocas zonas del cuerpo humano han generado tanto debate científico como el punto G. Desde que el ginecólogo Ernst Gräfenberg lo describió en 1950, investigadores, sexólogos y anatomistas han discutido su existencia, su naturaleza y su relevancia clínica. En 2024, la ciencia tiene una respuesta más clara.
Qué es el punto G (y qué no es)
El punto G no es una estructura anatómica independiente con bordes definidos como el hígado o el riñón. Es, según la comprensión actual, una zona de convergencia entre la pared vaginal anterior, el clítoris interno y las glándulas de Skene (el equivalente femenino de la próstata). Cuando esta zona se estimula adecuadamente, especialmente cuando hay suficiente excitación previa, muchas mujeres reportan sensaciones más intensas y un tipo de orgasmo diferente al clitoriano externo.
La evidencia científica
Un estudio de ultrasonido publicado en el Journal of Sexual Medicine mostró que en mujeres que reportan orgasmos vaginales, el tejido entre la vagina y la uretra es significativamente más grueso, sugiriendo mayor presencia de tejido clitoriano interno. Esto explica por qué algunas mujeres responden intensamente a la estimulación de esta zona y otras no: no es una falla, sino variación anatómica normal.
Cómo explorarlo
La zona se encuentra en la pared vaginal anterior, a unos 5-7 cm de la entrada vaginal. Con los dedos en curva hacia arriba (gesto de "ven aquí") o con un juguete curvo, la estimulación produce una textura ligeramente diferente al tejido circundante, a veces descrita como rugosa. La sensación inicial puede parecerse a querer orinar —es normal y se debe a la proximidad con la uretra. Con suficiente relajación y excitación, esa sensación suele transformarse en placer.
El punto G y la eyaculación femenina
Las glándulas de Skene, asociadas a esta zona, producen un fluido que en algunas mujeres se expulsa durante el orgasmo (eyaculación femenina). No todas las mujeres lo experimentan, y su ausencia no indica disfunción. Es simplemente otra variación normal de la respuesta sexual femenina.
El punto G existe como experiencia y como zona funcional. Que no sea un punto con bordes perfectos en un mapa anatómico no lo hace menos real.