La piel renueva sus células constantemente, pero con la edad y factores ambientales, las células muertas se acumulan en la superficie produciendo opacidad, textura irregular y menor absorción de los productos de cuidado que aplicas después. La exfoliación regular remueve esa capa y transforma visiblemente la piel.
Exfoliantes mecánicos
Usan partículas físicas para remover células muertas por abrasión: sal marina, azúcar, semillas molidas, arena volcánica.
Pros: resultados inmediatos y visibles, experiencia sensorial agradable, accesibles.
Contras: las partículas muy abrasivas o de bordes irregulares (como la sal marina gruesa) pueden crear microlaceraciones. No para pieles muy sensibles, rosácea o eczema activo.
Uso correcto: sobre piel mojada, movimientos circulares suaves, enjuagar completamente, aplicar hidratante inmediatamente después.
Exfoliantes químicos
Usan ácidos para disolver los enlaces entre células muertas sin abrasión física.
AHA (Ácido glicólico, láctico, mandélico): actúan en la superficie, ideales para textura, manchas e hidratación. El ácido láctico es el más suave, ideal para pieles sensibles.
BHA (Ácido salicílico): liposoluble, penetra los poros. Ideal para zonas con acné o foliculitis (espalda, hombros, glúteos).
Frecuencia recomendada
Piel normal/seca: 1-2 veces por semana. Piel grasa/mixta: 2-3 veces. Zonas de codos, rodillas y talones: pueden exfoliarse con mayor frecuencia. Siempre aplicar hidratante después.