A los 52, con ganas otra vez
Relato ilustrativo.
Pasé varios años convencida de que esa parte de mi vida había terminado. No por tristeza, sino por cansancio: los hijos, el trabajo, la rutina. Un día, sin aviso, volvieron las ganas. Primero como un sueño, luego como una inquietud en la piel, y ya no pude fingir que no pasaba nada.
Me sentí un poco tonta, como si a mi edad no tocara. Pero nadie decide cuándo regresa el deseo, y yo decidí no tratarlo como un problema. Me regalé tiempo, ropa que me gusta y una curiosidad nueva por mi propio cuerpo.
Si alguien lee esto y piensa que ya pasó su momento: no. A veces apenas está volviendo.