Con los ojos vendados y confiando en alguien
Relato ilustrativo.
Me imagino con una venda de seda sobre los ojos, sentada en la orilla de una cama que no veo. Alguien que me conoce, y que sabe que con una palabra mía todo se detiene, camina a mi alrededor. Escucho sus pasos, el roce de su ropa, una copa que se apoya en la mesa.
Sin ver, todo se agranda: una pluma que baja por mi brazo, un hielo que recorre mi clavícula, un beso que llega justo donde no lo anticipé. Mi piel se vuelve toda oídos.
Lo que me excita no es perder el control, sino entregarlo sabiendo que puedo recuperarlo cuando quiera. Esa confianza me parece lo más erótico del mundo. Aún no tengo a quién pedírselo, pero ya hice la lista de lo que sí querría y de lo que no, y la guardé en las notas del teléfono, con palabra de seguridad incluida.