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27 Oct, 2026

Me toco pensando en la voz de mi instructora de yoga

Relato ilustrativo.

Tiene una voz grave y pausada que dice «suelta la mandíbula, suelta los hombros», y a mí se me suelta algo más. Llevo tres meses yendo a su clase de las siete y lo he empezado a notar: me acomodo cerca de su tapete, me quedo en la postura final un minuto de más.

Estoy casada con un hombre al que amo y con quien tengo una vida íntima buena. Eso no cambia que también me gusten las mujeres, algo que siempre supe y casi nunca digo. En las noches, cuando él ya se durmió o cuando me meto a bañar, recuerdo esa voz, sus manos corrigiéndome la postura apenas un segundo, y me toco despacio, con los ojos cerrados y la regadera abierta.

No pienso hacer nada con esto, y no sé si me siento culpable o simplemente viva. Creo que ambas cosas, y que puedo convivir con las dos.

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