Que ella me sostenga de la nuca y me diga que me quede
Relato ilustrativo.
Es una escena que repito casi cada noche. Llego a su departamento después de un día larguísimo, ella abre la puerta descalza, con una camisa suya demasiado grande, y no dice nada. Me toma de la nuca, con una mano firme y cálida, y me acerca hasta que nuestras frentes se tocan.
Ahí me detengo siempre un momento, porque lo mejor es esa pausa: su aliento, el perfume de su cuello, el silencio de las dos sabiendo lo que viene. Luego me besa despacio, me lleva hacia el sillón, me desabotona sin prisa y yo me dejo.
En mi trabajo decido todo el día, y en la fantasía lo que más disfruto es que alguien más decida por mí, con ternura y seguridad. Todavía no he conocido a quien me haga sentir eso fuera de mi cabeza, pero sé exactamente cómo se sentiría su mano.