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27 Oct, 2026

Una colega, un congreso y una puerta que se cerró despacio

Relato ilustrativo.

Nunca había besado a una mujer fuera de mi imaginación, aunque desde la preparatoria sabía que me gustaban también. En un congreso de tres días coincidí con otra ponente de una ciudad lejana, y desde la primera mañana hubo algo: miradas que duraban un segundo de más, una risa compartida al fondo del auditorio.

La última noche, en el pasillo del hotel, me dijo que no tenía sueño. Yo tampoco. Ya dentro de mi cuarto, ella tocó mi mejilla y preguntó si podía besarme. Le dije que llevaba tres días esperando que lo preguntara.

Su boca era suave, sus manos curiosas y pacientes. Me desvistió botón por botón, como quien desenvuelve algo que quiere conservar. Fue lento, cálido, lleno de risas bajitas y de descubrimientos. En la mañana nos dimos un abrazo largo y ningún número de teléfono, por decisión de las dos.

Volví a mi ciudad sabiendo algo de mí, por fin sin dudas.

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