Una tarde de martes, una app y cero expectativas
Relato ilustrativo.
Reconozco que bajé la aplicación por aburrimiento y para dejar de contestar el «¿y tú cuándo?» de mi tía. Le escribí a un tipo que tenía una foto con un perro enorme y cara de buena gente. Quedamos en un café un martes a las cuatro, la hora en que nadie con planes serios se ve con alguien.
El café se alargó en una caminata, la caminata en su departamento, donde el perro me recibió con tanto entusiasmo que me manchó la blusa. Nos reímos tanto que el primer beso fue casi un accidente. Después dejó de ser gracioso, en el mejor sentido: sus manos tibias bajo mi blusa húmeda, mi espalda contra la pared, la tarde entrando por la persiana en rayas.
Antes de irme dijimos con toda claridad que había sido una tarde y ya. Salí en la hora de más tráfico con el cabello hecho un desastre y la sonrisa más grande de mi mes.