La pornografía es hoy la principal fuente de "educación sexual" para adolescentes en la mayoría de los países. Y la pornografía mainstream tiene una relación complicada con la realidad de la sexualidad femenina: sobrerepresenta ciertas prácticas, ignora el placer clitoriano, y presenta una versión del cuerpo y la respuesta sexual femenina que no corresponde a la experiencia de la mayoría de las mujeres.
Lo que la pornografía mainstream tiende a omitir
La estimulación clitoriana directa —la principal vía al orgasmo para la mayoría de las mujeres— aparece raramente en el pornografía mainstream. Los orgasmos femeninos se presentan como respuesta automática a la penetración, lo que contradice lo que la ciencia sabe sobre la respuesta sexual femenina. Los cuerpos representados corresponden a una pequeña fracción de los cuerpos reales.
Las consecuencias en la vida real
Mujeres que consumen pornografía pueden interiorizar expectativas sobre cómo deberían lucir, responder o sentir durante el sexo que no corresponden a su experiencia real, generando vergüenza o la sensación de que algo está mal. Parejas que consumen pornografía pueden tener expectativas sobre el rendimiento, las preferencias o la respuesta de sus compañeras que no corresponden a la realidad.
La pornografía ética y feminista
Existe un cuerpo creciente de pornografía creada con diferentes criterios: consentimiento verificable de los participantes, representación más realista del placer femenino, diversidad de cuerpos y prácticas, y narrativas que no tratan el cuerpo femenino como objeto. Directoras como Erika Lust o plataformas como Bellesa han trabajado en esta dirección.
Una postura crítica
La pornografía puede ser entretenimiento para muchas personas. La clave es consumirla con la misma actitud crítica con la que se consume cualquier representación mediática: es ficción, tiene convenciones de género, y no es un documental sobre cómo funciona el sexo real.