El voyerismo (placer de observar a otros) y el exhibicionismo (placer de ser observado) son dos lados del mismo impulso. Ambos están entre las fantasías más frecuentes en la población general. Cuando ocurren sin consentimiento, son conductas dañinas e ilegales. Cuando se practican entre adultos que han acordado explícitamente los términos, son una exploración sexual legítima y con base psicológica interesante.
La psicología del voyerismo
El placer de observar tiene componentes de distancia y control: se participa en la excitación sin la vulnerabilidad de la exposición propia. También hay un componente de acceso a lo privado —ver algo que normalmente no se ve— que activa circuitos cerebrales de recompensa similares a los activados por la novedad.
La psicología del exhibicionismo
El placer de ser observado tiene su base en el narcisismo en sentido no patológico: el placer de ser deseado, visto, apreciado. La mirada del otro que nos desea puede amplificar la propia excitación significativamente. La investigación de Meston y Buss sobre las razones para tener sexo incluye "sentirse deseada" como una de las motivaciones más frecuentes en mujeres.
Formas de exploración consensuada
Tener intimidad con la luz encendida cuando habitualmente se hace en oscuridad. Usar espejos. Videollamadas eróticas entre parejas en distancia. El swinging, donde parejas se observan mutuamente. Juego de striptease para la pareja. El camming o la creación de contenido privado para consumo propio o de pareja. Todas estas son formas de explorar estos impulsos en contextos completamente consensuados.