La investigación de Justin Lehmiller (Universidad de Indiana) encuestó a más de 4.000 personas sobre sus fantasías sexuales. Los resultados revelan que las fantasías más frecuentes son también las que más vergüenza producen admitir —creando la ilusión de que la propia fantasía es única o anormal cuando en realidad la comparten millones de personas.
Las fantasías más comunes (y calladas)
Según Lehmiller: multipareja (tríos, orgías), exploración de rol (sumisión o dominación), novedad y aventura, tabú e inconveniencia (lo "prohibido"), voyerismo y exhibicionismo, y romance e intimidad emocional intensa. Es notorio que la última categoría —intimidad emocional profunda— aparece consistentemente entre las fantasías más frecuentes, especialmente en mujeres.
¿Refleja lo que se desea realmente?
La investigación es consistente: la mayoría de las personas que tienen fantasías específicas no desearían actuarlas en la realidad. Fantasear con un escenario tabú o con alguien diferente a la pareja no es indicación de deseo real de esa experiencia. La fantasía opera en un espacio psicológico diferente.
El límite ético
Las fantasías que involucran adultos ficticios o reales de forma imaginaria no tienen consecuencias éticas. El límite ético surge cuando una fantasía involucra actuar sobre personas sin su consentimiento (voyerismo no consensuado, por ejemplo) o cuando involucra menores de edad —en cuyo caso no es una fantasía "inusual normal", sino una señal de que se necesita ayuda profesional urgente.