Estudios de resonancia magnética funcional (fMRI) han capturado, por primera vez en la historia, la actividad cerebral durante el orgasmo femenino. Lo que muestran es extraordinario: no una activación focal de una zona de placer, sino una cascada de activación y desactivación que involucra prácticamente todo el cerebro.
Lo que se activa
Durante la excitación y el orgasmo femenino, se activan: el nucleus accumbens (centro de recompensa), la ínsula (procesamiento de sensaciones corporales), el giro cingulado (integración emocional y atención), el cerebelo (coordinación muscular), el hipotálamo (liberación hormonal) y la corteza prefrontal parcialmente, aunque con patrones variables.
Lo que se desactiva
Quizás más sorprendente es lo que se apaga durante el orgasmo: la amígdala (detector de amenazas y miedo) y partes de la corteza prefrontal asociadas con la autoevaluación y el juicio. Esto explica neurológicamente por qué el estado de relajación, ausencia de ansiedad y ausencia de autoconsciencia crítica son tan importantes para el orgasmo: el cerebro literalmente apaga sus sistemas de alerta.
La cascada hormonal
El orgasmo desencadena la liberación de: oxitocina (vínculo y confianza), dopamina (recompensa), serotonina (bienestar), norepinefrina (excitación), endorfinas (analgesia natural) y prolactina (relajación postorgasmo). Esta cascada es responsable de la sensación de bienestar, somnolencia y satisfacción que sigue al orgasmo.
Por qué el estado mental importa tanto
La neuroimagen confirma algo que muchas mujeres saben intuitivamente: el orgasmo requiere que el cerebro deje de estar en alerta. La presión de rendimiento, la preocupación por cómo se ve, el estrés del día —todos mantienen activa la amígdala y la corteza prefrontal evaluativa, exactamente las regiones que necesitan reducir su actividad para que el orgasmo sea posible.