El mindfulness —la práctica de prestar atención deliberada al momento presente sin juicio— ha mostrado efectos significativos en el tratamiento de la ansiedad, la depresión y el dolor crónico. En los últimos 15 años, los investigadores han comenzado a aplicarlo al campo de la sexualidad, con resultados consistentemente positivos, especialmente en mujeres.
Por qué la mente divaga durante el sexo
La lista de la compra, el trabajo pendiente, la preocupación por cómo se ve el cuerpo, el análisis de si la pareja está disfrutando —la mente puede estar en cualquier lugar menos en el momento presente durante la intimidad. Esta divagación mental es incompatible con la experiencia plena del placer. No se puede sentir intensamente lo que no se está atendiendo.
La práctica de Lori Brotto
La psicóloga Lori Brotto (University of British Columbia) ha desarrollado y validado un programa de mindfulness para la disfunción sexual femenina que muestra resultados equivalentes a los tratamientos farmacológicos en estudios controlados. El programa incluye meditaciones formales de mindfulness y su aplicación progresiva a la exploración del propio cuerpo y luego a la intimidad con pareja.
Técnicas para empezar
El anclaje sensorial: durante la intimidad, cuando notes que tu mente se va, elige conscientemente un punto sensorial y enfoca la atención en él: el calor del cuerpo del otro, la textura de la piel, el sonido de la respiración. No evalúes la sensación —solo obsérvala.
La respiración consciente: respirar profunda y lentamente durante la excitación tiene dos efectos: activa el sistema parasimpático (favoreciendo la respuesta sexual) y ancla la mente al presente.
La exploración sin objetivo: dedicar tiempo a explorar el propio cuerpo o el de la pareja sin ningún objetivo —sin buscar excitación, sin buscar orgasmo— es una práctica de presencia que re-educa el sistema nervioso.
El placer está en el presente. Siempre ha estado ahí.