El espejo del probador
Había arrastrado a su novio de años a la tienda de ropa para ayudarla a elegir un vestido para un evento importante, y él, con la paciencia habitual que reservaba para este tipo de excursiones, se sentó en la pequeña silla frente a los probadores, listo para dar su opinión sobre cada intento.
"Este creo que no," dijo ella, saliendo del probador con el primer vestido, girando frente al espejo grande de la tienda mientras él la observaba con atención genuina.
"Estoy de acuerdo," coincidió él. "El color no te favorece tanto como debería."
Continuaron el proceso con varios vestidos más, cada salida del probador convirtiéndose en un pequeño desfile privado que, poco a poco, fue adquiriendo una tensión distinta a la habitual complicidad cómoda de años de relación. Había algo en verla cambiar de un vestido a otro, en la manera en que ella se giraba frente al espejo buscando su aprobación, que empezó a despertar en él una atención mucho más intensa que la simple opinión de moda que ella había pedido inicialmente.
"Este me gusta mucho," dijo él, cuando ella salió con un vestido ajustado de color oscuro, su mirada quedándose sobre ella más tiempo del que un simple comentario de moda ameritaba.
Ella notó el cambio en su expresión, la manera en que sus ojos la recorrieron con una intensidad que no era habitual en sus excursiones de compras. "¿Te gusta de verdad, o te gusta gusta?" preguntó, con una sonrisa coqueta que dejaba claro que había notado perfectamente la diferencia.
"Definitivamente lo segundo," admitió él, sin ningún intento de disimular, su voz un poco más grave de lo habitual.
La confesión la hizo sonreír, sintiendo que años de relación cómoda de pronto se cargaban de una electricidad que llevaba tiempo sin sentir tan intensamente entre ellos. Regresó al probador, pero en vez de cambiarse inmediatamente, se asomó por la cortina entreabierta. "¿Quieres ver el siguiente de más cerca?"
Él se levantó de la silla, acercándose al probador con una sonrisa que revelaba exactamente lo que estaba pensando. "Definitivamente quiero verlo de más cerca."
La empleada de la tienda, ocupada con otros clientes al fondo del local, no notó cuando él se coló brevemente al pequeño espacio del probador, cerrando la cortina detrás de él. El espacio reducido los obligó a estar mucho más cerca de lo que la tienda probablemente permitía oficialmente, pero a ninguno de los dos pareció importarle demasiado esa formalidad.
"Llevamos años juntos," susurró él, con las manos apoyadas suavemente en su cintura, "y todavía logras hacer que sienta esto por ti."
"Es bueno saber que el vestido todavía funciona," bromeó ella, aunque su voz reflejaba la misma intensidad que la de él, el pulso acelerado por la cercanía repentina en el espacio reducido.
"No es solo el vestido," aclaró él, acercándose todavía más. "Eres tú. Siempre has sido tú."
El beso que siguió fue interrumpido rápidamente por la voz de la empleada preguntando si necesitaban otra talla, obligándolos a separarse entre risas ahogadas y la promesa silenciosa de continuar esa conversación en casa, mucho más tarde esa misma noche.