04 Aug, 2026

Harina en las manos

Harina en las manos

Se había inscrito a la clase de cocina italiana sola, después de que su amiga cancelara a último momento, y cuando la instructora empezó a asignar parejas para las estaciones de trabajo, terminó emparejada con un hombre que también había llegado sin acompañante, ambos ligeramente incómodos por ser los únicos solteros entre parejas evidentes.

"Espero que sepas cocinar," bromeó él, mientras la instructora repartía los ingredientes para la pasta que harían desde cero. "Porque yo apenas sé hervir agua."

"Tampoco soy una experta," admitió ella, riendo, "pero al menos podemos ser malos juntos."

La receta requería trabajar la masa con las manos, un proceso que la instructora explicó con precisión pero que en la práctica resultó mucho más complicado de lo que ambos esperaban. Terminaron con harina hasta los codos, riendo de sus intentos fallidos por lograr la consistencia correcta, la tensión inicial de dos desconocidos disolviéndose rápidamente en la complicidad de compartir un fracaso culinario compartido.

"Creo que necesitas ayuda," dijo él en algún momento, viéndola luchar con la masa pegajosa que se negaba a cooperar.

"Ilumíname, entonces, experto," respondió ella con ironía, aunque aceptó cuando él se colocó detrás de ella para guiarle las manos sobre la masa, su cercanía repentina haciendo que se le acelerara el pulso de una manera que no tenía nada que ver con el esfuerzo de amasar.

Sus manos guiaron las de ella con una suavidad que contradecía por completo su supuesta falta de experiencia, y ella se preguntó si realmente estaba ayudando con la técnica o simplemente aprovechando la excusa para estar cerca. De cualquier forma, no le molestaba ninguna de las dos posibilidades.

"Creo que estás mejorando la textura," dijo ella, con la voz un poco entrecortada por la cercanía de su cuerpo contra la espalda.

"O tal vez solo estoy buscando una excusa para quedarme cerca," admitió él, con una honestidad que la sorprendió gratamente, sin apartarse de su posición detrás de ella.

Ella giró la cabeza lo suficiente para mirarlo de reojo, encontrando su mirada a una distancia que ya no tenía nada que ver con la clase de cocina. "No necesitas excusas," dijo, sintiendo el corazón latir con fuerza.

El resto de la clase transcurrió entre risas compartidas, roces aparentemente accidentales que ambos sabían que ya no lo eran, y una conexión que se fortalecía con cada plato que preparaban juntos. Cuando finalmente sirvieron la pasta terminada, ninguno de los dos tenía demasiada hambre — estaban demasiado absortos el uno en el otro para pensar en comida.

"¿Qué haces después de esto?" preguntó él, mientras el resto de las parejas empezaba a recoger sus cosas.

"Nada en particular," respondió ella, sintiendo el mismo impulso que él claramente sentía de alargar la noche.

"¿Te gustaría seguir cocinando en mi casa? Prometo que tengo mejor técnica en privado," dijo él, con una sonrisa pícara que dejaba claro que la invitación tenía poco que ver con la comida.

Ella se rió, sintiendo que la noche apenas comenzaba, y aceptó sin dudarlo, dejando que la harina en sus manos fuera solo el primer contacto de muchos que estaban por venir esa noche.

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