10 Aug, 2026

La rueda de la fortuna

La rueda de la fortuna

La feria de verano había llegado a la ciudad, y ella había ido con un grupo de amigos que incluía a un hombre con quien llevaba semanas de coqueteo tímido, ninguno de los dos animándose a dar el siguiente paso más allá de las bromas y las miradas prolongadas.

Cuando el grupo decidió subirse a la rueda de la fortuna, terminaron compartiendo la misma cabina casi por accidente, el resto de los amigos ya distribuidos en las cabinas anteriores. La rueda empezó a girar despacio, elevándolos por encima de las luces parpadeantes de la feria, y justo cuando llegaron a la cima, todo se detuvo con una sacudida.

"Debe ser mantenimiento rutinario," dijo él, asomándose con curiosidad hacia abajo, donde se veía a los operadores moviéndose alrededor de la base de la atracción. "No creo que tarden mucho."

"Espero que no," respondió ella, aunque en el fondo no le molestaba del todo la pausa, con la vista panorámica de la ciudad iluminada extendiéndose ante ellos desde ese punto privilegiado.

Se acomodaron mejor en la cabina, la vista nocturna de la ciudad ofreciéndoles algo hermoso que contemplar mientras esperaban. La conversación, que durante semanas había sido tentativa y llena de bromas superficiales, tomó un tono más honesto en la privacidad relativa de la cabina detenida en el aire.

"Es una vista bastante espectacular para quedar atrapados," comentó ella, señalando las luces de la ciudad que se extendían en todas direcciones.

"Definitivamente no es el peor lugar para quedar varado," coincidió él, aunque su mirada, cuando ella la notó, estaba puesta más en ella que en el paisaje.

El silencio que siguió se sintió cargado de una tensión distinta a la habitual entre ellos, más consciente, más deliberada. Ella sintió el impulso de romperlo con alguna broma, como solía hacer, pero esta vez decidió dejar que el silencio existiera sin llenarlo de inmediato.

"Llevo semanas queriendo decirte algo," admitió él finalmente, con una vulnerabilidad poco habitual en su tono normalmente relajado.

"¿Ah, sí?" respondió ella, sintiendo el corazón acelerarse ante la anticipación.

"Que me gustas mucho," confesó él, directo, sin las bromas habituales que solía usar para disimular sus verdaderos sentimientos. "Y que llevo semanas buscando el momento correcto para decírtelo sin que sonara raro."

La confesión, tan directa después de semanas de coqueteo indirecto, la tomó por sorpresa gratamente. "Yo también he estado esperando que alguno de los dos dijera algo," admitió ella, con una sonrisa que no podía disimular.

La rueda seguía inmóvil, las luces de la feria parpadeando debajo de ellos, la ciudad extendiéndose en todas direcciones como testigo silencioso del momento. Él se acercó un poco más en la cabina, la distancia entre ambos reduciéndose de una manera que ninguno de los dos quería resistir.

"¿Puedo aprovechar que estamos atrapados aquí arriba?" preguntó él, con una sonrisa nerviosa.

Ella respondió acercándose también, cerrando los últimos centímetros que los separaban. Cuando finalmente se besaron, la rueda seguía sin moverse, pero a ninguno de los dos le importaba ya cuánto tiempo tardaran en repararla — las luces de la feria y la vista de la ciudad se habían convertido, de pronto, en el escenario perfecto para algo que ambos llevaban semanas esperando que sucediera.

← Volver a Relatos