23 Jul, 2026

La última canción del concierto

La última canción del concierto

La vio entre la multitud casi por accidente, iluminada apenas por las luces del escenario que cambiaban de color con cada canción. Llevaban meses evitándose desde que las cosas entre ellos se habían vuelto extrañas — ese tipo de tensión sin resolver que ninguno de los dos sabía cómo nombrar, y que terminó por convertirlos en dos personas que se saludaban de lejos en las fiestas de amigos comunes, sin acercarse nunca más de lo necesario.

Pero esa noche, en medio del concierto, no había forma fácil de evitarse. El grupo de amigos los había colocado a propósito o por casualidad uno junto al otro, y durante las primeras canciones ambos fingieron una concentración exagerada en el escenario, cualquier cosa con tal de no tener que iniciar una conversación que sabían que sería incómoda.

Fue durante una canción lenta, de esas que la banda toca a mitad del show para bajar el ritmo, cuando ella sintió su mirada. Giró la cabeza y lo encontró observándola con una expresión que no había visto en meses — no la incomodidad reciente, sino algo más parecido a como la miraba antes de que todo se complicara entre ellos.

"¿Qué?", preguntó ella, con más suavidad de la que pretendía.

"Nada," respondió él, sin dejar de mirarla. "Solo pensaba que hace tiempo que no hacíamos esto. Estar en el mismo lugar sin que fuera raro."

Ella soltó una risa breve, casi aliviada de que alguien finalmente nombrara lo obvio. "Ha sido raro, ¿verdad? Todo esto."

"Muy raro," admitió él. "Y creo que los dos sabemos por qué."

La multitud se apretó un poco más cuando la banda empezó a tocar una de sus canciones más populares, empujándolos sin querer un paso más cerca el uno del otro. Ella sintió el brazo de él rozar el suyo, y en vez de apartarse como habría hecho meses atrás, se quedó ahí, dejando que el contacto se prolongara un segundo más de lo necesario.

Hablaron poco durante el resto del show, pero algo había cambiado en el silencio entre ellos — ya no era la tensión incómoda de las últimas semanas, sino algo más parecido a la electricidad que solía haber antes de que todo se complicara. De vez en cuando, sus miradas se cruzaban en la oscuridad intermitente de las luces del escenario, y ninguno apartaba la vista tan rápido como debería.

Cuando la banda anunció la última canción de la noche, algo en el ambiente cambió — esa sensación colectiva de que el momento se estaba acabando, que había que aprovechar los últimos minutos antes de que todo volviera a la normalidad incómoda del día siguiente.

Él se acercó un poco más, lo suficiente para que ella pudiera sentir su voz más que escucharla sobre el sonido de la música. "Llevo meses queriendo decirte algo," dijo, "pero no encontraba el momento."

Ella giró para mirarlo de frente, el corazón acelerándose de una forma que no tenía nada que ver con la música. "Dilo ahora."

Pero él no dijo nada. En cambio, levantó la mano despacio y le apartó un mechón de cabello de la cara, un gesto tan simple y tan cargado a la vez que a ella se le cortó la respiración. La última canción llegaba a su clímax, la multitud cantando a coro a su alrededor, pero en ese pequeño espacio entre los dos, el mundo se había reducido a la distancia que faltaba por cerrar.

"Quizás no necesito decirlo," susurró él, tan cerca que ella pudo sentir su respiración.

Ella no respondió con palabras. Simplemente cerró los últimos centímetros que los separaban, dejando que meses de tensión sin resolver encontraran, finalmente, el lugar correcto para resolverse.

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