09 Aug, 2026

Una copa más, decían todos

Una copa más, decían todos

El grupo de trabajo se había ido despidiendo uno por uno del bar donde celebraban el cierre exitoso de un proyecto largo, hasta que solo quedaron ella y el compañero con quien había trabajado más de cerca durante los últimos meses, ambos sin ninguna prisa aparente por terminar la noche.

"Una copa más," había dicho él cuando el resto del grupo empezó a despedirse, y ella, sin necesitar mucho convencimiento, aceptó quedarse un rato más, disfrutando de la excusa para prolongar una noche que ya había sido más agradable de lo que esperaba.

Habían trabajado codo a codo en el proyecto que acababan de cerrar, compartiendo largas horas de oficina y una química profesional que, ella sospechaba desde hacía semanas, tenía algo más detrás de la eficiencia con la que colaboraban. Esa noche, lejos del contexto de la oficina y con el alivio del proyecto terminado, la conversación tomó un rumbo distinto al habitual.

"Voy a extrañar trabajar contigo tan de cerca," admitió él, cuando el mesero les trajo la nueva ronda de bebidas. "Ahora que el proyecto terminó, no vamos a tener tanta excusa para hablar todos los días."

"Es cierto," coincidió ella, dándose cuenta apenas en ese momento de cuánto la entristecía esa idea. "Va a ser raro no revisar mi bandeja de entrada esperando un correo tuyo cada mañana."

"¿En serio esperabas mis correos?" preguntó él, con una sonrisa que revelaba genuina sorpresa y algo de satisfacción ante la confesión.

"Más de lo que debería admitir," dijo ella, riendo un poco de su propia vulnerabilidad. "Siempre encontrabas la manera de hacer hasta los reportes más aburridos un poco divertidos."

"Podríamos encontrar otras excusas," sugirió ella, sorprendida de su propia audacia impulsada por el vino y el ambiente relajado del bar.

Él sonrió, con una expresión que ella no había visto antes en el contexto profesional que solían compartir. "¿Qué clase de excusas tenías en mente?"

"No lo sé," respondió ella, jugando con el pie de su copa. "Tal vez cenas ocasionales que no tengan nada que ver con el trabajo."

La propuesta quedó flotando entre ellos, cargada de una posibilidad que ambos habían estado evitando nombrar durante meses de colaboración cercana. Él se inclinó un poco hacia adelante en la mesa, reduciendo la distancia entre ambos de una manera que ya no se podía atribuir simplemente al ruido del bar.

"Llevo semanas queriendo proponerte algo así," confesó él, "pero no sabía si sería apropiado mientras seguíamos trabajando juntos."

"Bueno," dijo ella, sintiendo el corazón acelerarse, "ya no estamos trabajando juntos en este momento. Técnicamente."

"Técnicamente," repitió él, con una sonrisa que crecía conforme la distancia entre ambos seguía reduciéndose. "En ese caso, ¿puedo decirte lo que realmente he estado pensando estos meses?"

Ella asintió, incapaz de articular palabras ante la intensidad de su mirada, y él continuó: "Que cada junta era la mejor parte de mi día, no por el proyecto, sino por tenerte enfrente."

La confesión la dejó sin aliento por un momento, sintiendo que finalmente alguien ponía en palabras la tensión que ambos habían mantenido cuidadosamente contenida durante meses de trabajo cercano. "Yo sentía exactamente lo mismo," admitió ella finalmente.

El bar seguía con su bullicio habitual a su alrededor, pero en esa pequeña mesa, meses de tensión profesional cuidadosamente disimulada finalmente encontraban espacio para transformarse en algo completamente distinto. Cuando él extendió la mano sobre la mesa, ella la tomó sin dudarlo, sellando con ese simple gesto el inicio de algo que, sospechaban ambos, apenas comenzaba.

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