Rafiki (2018), de la directora keniana Wanuri Kahiu, parte de un relato de Monica Arac de Nyeko y cuenta el amor entre las hijas de dos políticos rivales en un barrio de Nairobi. Fue la primera película keniana seleccionada en el Festival de Cannes.
La historia detrás de la película
La junta de clasificación de Kenia la prohibió por su temática. La directora llevó el caso a los tribunales y consiguió que se levantara la prohibición durante siete días, el mínimo necesario para que la película pudiera optar a una candidatura internacional. Durante esa semana se agotaron las funciones en Nairobi. Es difícil ver la película sin tener presente ese contexto.
Cómo está contada
Con color. Es una película saturada de rosas, azules y amarillos, con música y con un pulso alegre que contrasta con lo que las protagonistas se juegan. Kahiu ha hablado de su intención de mostrar una África que no sea únicamente pobreza y conflicto, y esa decisión estética es parte del argumento.
No esquiva las consecuencias: hay un momento de violencia que recuerda a qué se enfrentan. Pero la película se niega a que ese momento sea el punto final, y ahí está su gesto más valiente.
Para qué momento sirve
Dura menos de hora y media y se ve de un tirón. Es la más luminosa de esta lista y una buena entrada para quien no suele ver cine africano.